domingo, 19 de agosto de 2007

LA CANCHA DE INDEPENDIENTE Y LA BARBARIE DIRIGENCIAL

Por Víctor Oscar García Costa


Entendemos por ‘cultura’ el producto de todas las activi¬dades materiales y espirituales del hombre. En ese hacer-se, la cultura se autoproduce, constantemente. Dicho de otro modo: no hay cultura sin producción material y espiritual humanas. No por nada el vocablo cultura deviene del latino ‘colere’, que quiere decir cultivar. En los casos en que productos de otra cultura son in¬corporados, por simple asimilación o dependencia, el aporte sólo existe a partir de convertirse en un como-producto material o espiritual de la sociedad que lo recibe. Siempre en función del espacio-tiempo histórico y de los elementos deter¬minantes que van caracterizando el proceso económico, científico-técnico y social de cada pueblo. La conservación de esos productos materiales y espirituales que el hombre produce en cada espacio-tiempo histórico son los que permiten rastrear y comprender el pasado. De ahí que el gobierno, como órgano ejecutor del Estado, deba conservar y preservar el patrimonio históricocultural de la Nación y de su pueblo. Los llamados conservacionistas saben bien que lo que hoy parece descartable y sin valor adquiere una alta significación con el mero transcurso del tiempo. Gracias a esa actitud conservacionista es posible reconstruir el pasado hasta en sus mínimos detalles y desentrañar el espacio-tiempo histórico en su apreciación objetiva y también en la subjetiva, lo que nos permite colocarnos frente a problemas de conciencia que no son los nuestros. Por haberlo entendido así, ahí están el Coliseo de Roma y la Acrópolis de Atenas. Erostrato se llamaba el ignoto que incendió el templo de Artemisa, en Efeso, con el propósito de perpetuar su nombre mediante aquel acto vandálico. Algo semejante a la actitud de esos jóvenes rosarinos que recientemente destruyeron el aula de su escuela, como ellos mismos confesaron, ‘para pasar a la posteridad’. Son casos de erostratismo. Hemos recordado alguna vez que, al estallar la Revolución rusa de 1917, los jefes revolucionarios enviaron avanzadas para impedir que el pueblo destruyera el Palacio de Invierno de los Zares, en San Petersburgo, lo que es ahora el Museo del Ermitage. Se salvaron así miles y miles de obras de arte atesoradas por la monarquía rusa que, salvadas de la destrucción, están hoy al servicio de la cultura universal. Asimismo, hemos recordado que cuando Adolfo Hitler ordenó al general Dietrich Von Choltitz, Jefe del Comando Alemán en Paris, que destruyera la Ciudad Luz. A pesar de que los Aliados se encontraban a las puertas de Paris y de que las cargas de dinamita ya estaban colocadas, Choltitz desobedeció las órdenes de Hitler y preservó la ciudad, con su enorme valor histórico. Erostrato en Avellaneda El actual Club Atlético Independiente, constituido el 4 de agosto de 1904 en un café de Bolívar y Victoria -ahora Hipólito Yrigoyen- por jóvenes trabajadores de la tienda A la Ciudad de Londres, a los que no se dejaba integrar el equipo de la tienda, llamado Maipú-Banfield, quedó fundado por ellos oficialmente como Independiente Foot Ball Club el 1º de enero de 1905. Tuvo su primera cancha en un terreno alquilado en la intersección de Gaona y Bella Vista -ahora Donato Alvarez-, en la Capital Federal. Allí, el 19 de enero de 1905, día de calor insoportable, el equipo jugó su primer partido con su similar del Club Atlanta, que finalizó 2 a 2. A esa cancha se llegaba a caballo, en charret o en carro. Para orientar a los jugadores y público rivales se colocaba un cartel indicador en el almacén Del Chiodo, que estaba en Gaona y Boyacá. Teniendo en mira la afiliación a la Asociación Argentina de Foot Ball, sobre el final de 1905, se trasladó a la que habría de ser su segunda cancha, en unos terrenos situados en la Avenida San Martín, cuyas medidas eran reglamentarias, aunque le faltaba pasto. En 1906, la llamada Escuela del Oeste les alquiló, en $ 10 mensuales un terreno de 120 X 100 metros, en Avenida Alvear y Tagle, que habría de ser la tercera cancha, de medidas reglamentarias pero a la que, como a la anterior, le faltaba pasto, lo que dificultaba la aceptación a su pedido de afiliación a la Asociación Argentina de Foot Ball. Después de volver a la cancha de la Avenida San Martín, terrenos que no habían abandonado y que fue la cuarta cancha, a fin de ese año 1906 alquilaron un terreno en Manuel Ocantos al 600, haciendo pie, por primera vez, en la ciudad de Avellaneda en la que fue su quinta cancha. En 1910, hubo una nueva mudanza a la sexta cancha situada en Avenida Mitre al 2000 de Avellaneda, en el paraje conocido como La Crucecita. En la madrugada del 4 de agosto de 1923 un incendio convirtió en cenizas las tribunas de esa cancha, las que fueron reconstruidas con esfuerzo. Finalmente, llegamos a la septima cancha con la construcción del estadio de cemento con capacidad para unas 55 mil personas, inaugurado el 4 de marzo de 1928, levantado en las calles Alsina y Almirante Cordero –hoy Ricardo Bochini- en la ciudad de Avellaneda. El de Independiente fue el primer estadio de Sudamérica construido integramente en cemento. Nunca tuvo un nombre oficial hasta que en el año del centenario del Club se realizó, mediante una votación a través de la página web del Club, una consulta para ponerle un nombre oficial. El nombre ganador fue "Libertadores de América", que se impuso por muy pocos votos al de "Ricardo E. Bochini". No por ello dejó de ser el estadio “de la doble visera de cemento", en razón de las viseras vieja y nueva, esta última inaugurada el 20 de agosto de 1961. A principios de la década de los años 70 se construyó la Tribuna Alta Cordero, primero llamada La Intercontinental y luego Herminio Sande, manteniendo las características arquitectónicas originarias. Durante la última Presidencia de Pedro Iso, se tramitó ante la Confederación Sudamericana de Fútbol y ante la Asociación del Fútbol Argentino, pedidos oficiales para que fuera declarada "Monumento del Fútbol Sudamericano". Como si fuera poco, una ordenanza municipal, la 8.998, del 21 de diciembre de 1992, unos 60 inmuebles, entre los que están la Cancha y la Sede del Club Atlético Independiente, la de Racing, el hospital Fiorito, el teatro Colonial y el Frigorífico La Negra, fueron declarados bienes de interés patrimonial municipal de la ciudad de Avellaneda. Por el artículo 9 de la citada Ordenanza se estableció que todo trámite de demolición, nueva construcción, ampliación, reciclaje y reconstrucción, entre otros, debe contar con el estudio y recomendación de la Dirección de Planeamiento Físico y la aprobación del Concejo Deliberante. El estadio de la doble visera cayó bajo la piqueta movida por la enciclopédica ignorancia municipal y por el espíritu de Erostrato encarnado en la dirigencia del mismo Club Independiente. Cuánta pena y cuánta indignación.
Publicado en Nuevo Siglo On Line - 19 de agosto de 2007

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